El 4 de julio de 1934 falleció Marie Skłodowska‑Curie, la física y química franco-polaca que revolucionó el mundo de la ciencia con sus investigaciones sobre la radiactividad. Nacida el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, entonces parte del Imperio Ruso, Marie fue una pionera en muchos sentidos: la primera mujer en recibir un Premio Nobel, la única persona que ha ganado dos Nobel en distintas disciplinas científicas, y la primera mujer en ser profesora en la Universidad de la Sorbona en París.
Una vida dedicada al conocimiento
Desde temprana edad, Marie mostró un intelecto sobresaliente y un amor inquebrantable por el conocimiento. Su familia enfrentó dificultades económicas y restricciones políticas que impedían a las mujeres acceder a la educación superior en Polonia, por lo que se trasladó a París en 1891 para estudiar en la Sorbona. Allí obtuvo licenciaturas en Física y Matemáticas, a pesar de las barreras de género y las condiciones de vida precarias que afrontó como estudiante.
En 1895 se casó con Pierre Curie, un físico que se convirtió en su compañero de vida y de investigación. Juntos iniciaron un trabajo pionero sobre la radiactividad, término que ella misma acuñó. En 1898, el matrimonio Curie descubrió dos nuevos elementos químicos: polonio (llamado así en honor a su Polonia natal) y radio. Su investigación no solo abrió las puertas a nuevas áreas de la física y la química, sino que también transformó el tratamiento médico de enfermedades como el cáncer a través de la radioterapia.
Premios y reconocimientos
En 1903, Marie Curie recibió junto a Pierre Curie y Henri Becquerel el Premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre los fenómenos de radiación. En 1911 obtuvo su segundo galardón, el Premio Nobel de Química, por sus descubrimientos del polonio y el radio, y por su trabajo en el aislamiento y estudio de estos elementos.
Estos logros la convirtieron en una figura histórica no solo por sus descubrimientos, sino también por abrir camino a las mujeres en la ciencia, en una época en la que el ámbito académico estaba dominado por hombres.
Aportes durante la Primera Guerra Mundial
Durante la Primera Guerra Mundial, Marie Curie dedicó su tiempo y conocimientos a desarrollar unidades móviles de rayos X, conocidas como “Petites Curies”. Estos vehículos permitieron atender a miles de soldados heridos en el campo de batalla, facilitando diagnósticos médicos más precisos. También formó a personal médico en el uso de estas máquinas, contribuyendo directamente a salvar innumerables vidas.
El precio del sacrificio
Marie Curie trabajó incansablemente con materiales radiactivos, en una época en la que aún no se conocían los peligros de la exposición prolongada a la radiación. Como consecuencia, desarrolló anemia aplásica, una enfermedad que le causó la muerte a los 66 años en un sanatorio de Passy, Francia. Su sacrificio dejó una lección crucial sobre la importancia de la seguridad en el manejo de sustancias peligrosas.
Un legado inmortal
En 1995, Marie Curie se convirtió en la primera mujer enterrada en el Panteón de París por sus propios méritos. Su trabajo sigue vivo en instituciones como el Instituto Curie en París, dedicado a la investigación médica y al tratamiento del cáncer. Su hija, Irène Joliot-Curie, también ganó un Premio Nobel, continuando con el legado familiar de excelencia científica.
Marie Curie no solo cambió la ciencia, sino que también cambió el papel de la mujer en la historia. Su vida es un testimonio de la perseverancia, el talento y la pasión por descubrir.
Recordar a Marie Curie es celebrar la ciencia y la igualdad
A casi un siglo de su muerte, el legado de Marie Curie sigue inspirando a científicos y científicas en todo el mundo. Su incansable búsqueda del conocimiento y su valentía para desafiar las normas sociales de su tiempo nos recuerdan que el avance científico y la justicia de género van de la mano.
Hoy, 4 de julio, es un día para rendir homenaje a una de las mentes más brillantes de la humanidad, cuya luz sigue guiando el camino del progreso científico.